El rugido de Carabobo: la clave de la independencia
La independencia
de Venezuela no ocurrió por azar ni fue una concesión; fue el cierre de años de
sacrificio y estrategia. El momento decisivo llegó el 24 de junio de 1821
en la Batalla de Carabobo. En un contexto de crisis en España y vientos de
libertad en toda América, Simón Bolívar concentró a ocho mil hombres con una
meta fija: expulsar definitivamente al dominio realista.
El
general español Miguel de la Torre bloqueaba el paso con defensas sólidas en
los llanos. Sin embargo, Bolívar diseñó una maniobra audaz. Acompañado por José
Antonio Páez y el apoyo de la Legión Británica —veteranos de las guerras
napoleónicas—, decidió flanquear las posiciones enemigas a través del bosque
mientras mantenía una distracción en el frente.
El
combate fue crudo. El batallón de Apure lideró el ataque bajo una resistencia
feroz. En pleno caos, Páez sufrió un ataque epiléptico y tuvo que retirarse,
pero sus soldados mantuvieron el avance. Los británicos resistieron con firmeza
y, poco a poco, las líneas españolas se quebraron. Bolívar tomó entonces una
posición estratégica y ordenó la carga final a bayoneta.
La
victoria fue contundente. Los batallones Burgos y Barbastro se rindieron, y el
general Plaza logró la capitulación del batallón Infante, aunque murió en la
acción por una bala perdida. Bolívar ordenó perseguir a las tropas en retirada,
capturando a gran parte del ejército enemigo.
Aunque la
guerra se prolongó dos años más hasta Ayacucho, Carabobo fue el punto de no
retorno. Ese día, la libertad dejó de ser un ideal lejano para convertirse en
la base de la historia venezolana.

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